Una ciudad que aprende a contar su historia alrededor de una mesa
Presentación y guía de lectura
Cada 19 de octubre, Oviedo repite un gesto que tiene algo de celebración y algo de memoria: pone sobre la mesa garbanzos con bacalao y espinacas, callos y arroz con leche. Tres platos que, reunidos, forman uno de los menús más reconocibles de la ciudad. El Menú de la Paz. El Desarme de Oviedo contado en la escuela se convierte ahora en materia narrativa para los lectores más jóvenes.

Escrito por Ester Sánchez e ilustrado por Enzo Platero, el libro propone mirar detrás de la costumbre gastronómica para descubrir una historia de casi dos siglos, hecha de guerras, recuerdos, cocinas y formas de convivencia.
Publicado por Pintar-Pintar Editorial en octubre de 2026, el libro nace de una iniciativa del Ayuntamiento de Oviedo, a través de la Concejalía de Educación, y de la Cofradía del Desarme. Su propósito no es convertir una tradición local en una lección de historia, sino ofrecer a niños y niñas las claves necesarias para comprender por qué una ciudad sigue reuniéndose alrededor de los mismos platos generación tras generación.
«El reto era que entendieran qué ocurrió, por qué fue importante y por qué seguimos recordándolo hoy», explica Ester Sánchez.



De la guerra a la mesa
El libro lleva al lector hasta el Oviedo del siglo XIX: una ciudad más pequeña, estrechamente vinculada con los pueblos de su entorno, atravesada por mercados, talleres, oficios y alimentos que llegaban en carros, cestos y alforjas.
Antes de hablar de batallas, el relato reconstruye esa vida cotidiana. Hay legumbres, verduras, pan, leche, sidra y bacalao en salazón; potas al fuego y manos que cocinan. Ese comienzo resulta decisivo porque permite entender que la historia de El Desarme no pertenece únicamente a la política o a la guerra: pertenece también a quienes sostuvieron la vida diaria.
Sobre ese escenario irrumpe la primera guerra carlista. El relato sitúa uno de sus momentos fundamentales el 19 de octubre de 1836, cuando Oviedo resistió un nuevo ataque después de haber sufrido otro intento de asalto a comienzos de aquel mismo mes. Hubo muertos y heridos entre quienes defendieron la ciudad, y la fecha quedó incorporada a su memoria colectiva.

En 1841, según la cronología que articula el libro, el 19 de octubre comenzó a tener una presencia estable en la vida ovetense a través de actos conmemorativos, una misa en san Isidoro y una comida sencilla de garbanzos destinada a los milicianos.
Pero El Menú de la Paz no se detiene en el relato de una victoria. Su centro moral aparece más tarde, después del final de la tercera guerra carlista, en 1876. El libro cuenta que se organizó entonces una comida que no estuvo reservada a los vencedores: también se sirvió a soldados heridos, convalecientes y prisioneros carlistas.
En esa mesa compartida encuentra Ester Sánchez la imagen capaz de trasladar la historia al presente: personas que pueden pensar de manera distinta, pero que se sientan, hablan, comparten una comida y buscan convivir.

La propia publicación advierte, no obstante, que la tradición está formada por estratos diferentes: algunos hechos están documentados y otros pertenecen a la memoria popular. El volumen se ha elaborado a partir de materiales históricos, cronologías, textos divulgativos y distintas aportaciones documentales.
Esa cautela resulta especialmente pertinente en un libro para lectores infantiles: en lugar de presentar una leyenda cerrada, reconoce que las tradiciones también se construyen en ese territorio en el que historia y memoria se encuentran.
Tres platos y casi dos siglos
También el menú tiene su propia biografía.
Los garbanzos con bacalao y espinacas aparecen vinculados a aquella comida de 1876 y al tiempo de Cuaresma, cuando la abstinencia de carne favorecía el uso de legumbres, verduras y pescado en salazón.
Los callos se incorporarían después, ligados a las cocinas populares, las casas de comidas y el ambiente de la Feria de San Lucas.

El arroz con leche llegó mucho después, en 1964, completando la sucesión de tres platos que hoy identifica la celebración.
Esa evolución ocupa un lugar importante en la propuesta: el patrimonio no aparece como una reliquia inmóvil, sino como algo que cambia mientras conserva un hilo reconocible.
La misma idea atraviesa el siglo XX, cuando familias, restaurantes y casas de comidas continuaron preparando el menú cada octubre, y llega hasta 2012, año de creación de la Cofradía del Desarme de Oviedo. En 2025, tal como recoge el volumen, la celebración fue reconocida como Fiesta de Interés Turístico Nacional.
El resultado es una historia en la que cocinar funciona también como una forma de recordar.
«Una tradición no se cuida solo cocinándola. También se cuida contándola».

De ahí que su destinatario escolar no sea circunstancial: transmitir El Desarme significa incorporar a una nueva generación a esa cadena de memoria.
Oviedo, personaje y escenario
La ciudad ocupa en las páginas un lugar que va mucho más allá del decorado. La catedral, san Isidoro, la plaza del ayuntamiento o el perfil del Campoamor se incorporan a las ilustraciones como señales de reconocimiento.
Para Ester Sánchez, Oviedo funciona «casi como otro personaje». La tradición está unida a sus calles, su gastronomía y su identidad y no podría trasladarse mecánicamente a otro lugar. Acercar ese patrimonio a los niños no consiste únicamente en enseñarles algo que ocurrió hace mucho tiempo, sino en ayudarles a reconocer como propio el lugar en el que viven y descubrir que las calles que recorren también contienen historias.

Una historia antigua dibujada desde el presente
Uno de los rasgos más interesantes del trabajo de Enzo Platero en El Menú de la Paz es la decisión de no utilizar un lenguaje gráfico historicista.
Aunque la documentación sobre vestimentas, edificios y espacios permite situar la acción en cada época, las ilustraciones hablan deliberadamente desde el presente.
El dibujo es suelto y expresivo; las perspectivas se permiten ciertas libertades y el color no desempeña únicamente una función descriptiva, sino también narrativa. Los tonos intensos contribuyen a construir un libro luminoso incluso cuando el relato se aproxima a episodios relacionados con la guerra.
Esa distancia entre la gravedad de algunos acontecimientos y la vitalidad de las imágenes permite acercarse a la historia sin convertirla en un relato sombrío.

Platero trabaja especialmente bien las escenas colectivas. Las mesas, plazas, mercados y calles están habitadas por personajes que comen, conversan, transportan alimentos, observan o se relacionan entre sí. No existe únicamente una acción principal: alrededor de ella suceden otras pequeñas historias.
Esa multiplicidad invita a detenerse y convierte cada doble página en un espacio que puede recorrerse visualmente.
También resulta significativo el tratamiento de Oviedo. Sus edificios y lugares reconocibles aparecen reinterpretados, nunca como reproducciones fotográficas. La catedral, san Isidoro o la plaza del ayuntamiento permiten identificar la ciudad y, al mismo tiempo, forman parte con naturalidad del universo gráfico del libro.
Hay diversidad de edades, apariencias y tonos de piel; personajes que conversan mientras otros comen, trabajan o simplemente observan.
Y existen también pequeños juegos destinados a una segunda lectura: perros escondidos, rostros inspirados en amigos y familiares, gestos, personajes secundarios y situaciones que no aparecen mencionadas en el texto.
Las ilustraciones, por tanto, no se limitan a explicar lo que las palabras ya cuentan. Amplían la narración y hacen posible regresar a cada página para descubrir algo nuevo.
Contar sin convertir la historia en una ficha
Uno de los aspectos fundamentales del proyecto está en su manera de acercarse a la divulgación. Antes de trasladar al lector a 1836, por ejemplo, el libro se detiene en explicar qué es un siglo. No se trata de rebajar el contenido, sino de ofrecer las herramientas necesarias para comprenderlo. Ester Sánchez resume ese criterio con una distinción especialmente importante:
«Escribir para niños no se trata de simplificarlo todo, sino de elegir bien qué necesitas contar».

La estructura ha sido pensada igualmente para la lectura compartida. Cada doble página busca funcionar en voz alta, en el aula, en una biblioteca o en una actividad de mediación. El proyecto se prolonga además en un cuaderno creativo, concebido no como una colección de ejercicios cerrados o fichas para rellenar, sino como un punto de partida para investigar, conversar, observar y crear.
«Un libro para niños no tiene que contarlo todo, también tiene que dejar puertas abiertas».
Una tradición local con una pregunta universal
Hay una decisión significativa en el título: no se habla únicamente de El Desarme, sino del Menú de la Paz. Ese desplazamiento transforma una tradición gastronómica en una reflexión sobre la convivencia. «Claro que podemos tener ideas diferentes», sostiene Ester Sánchez. Lo importante es poder expresarlas y convivir desde la educación, el diálogo y el respeto.
Las últimas páginas del libro hacen explícita esa lectura. La ciudad no vuelve sobre el pasado para recrearse en la guerra, sino para transformarlo: la paz también se aprende cada día, al escuchar, cuidar y compartir. Los tres platos terminan así convertidos en una suerte de relato comestible: los garbanzos recuerdan una comida compartida, los callos la expansión popular de la costumbre y el arroz con leche la capacidad de las tradiciones para modificarse con el tiempo.


Quizá por eso la imagen más persistente de El Menú de la Paz no sea la de una batalla ni la de un monumento, sino la de una mesa. Una mesa en la que la ciudad se reconoce y a la que cada generación vuelve con una historia ligeramente distinta. Tres platos. Una ciudad. Y una historia servida en la mesa. Bajo su apariencia sencilla se encuentra la verdadera ambición del proyecto: enseñar que conservar el patrimonio no consiste únicamente en recordar lo ocurrido, sino también en preguntarnos qué significado queremos darle hoy.
Los autores
Ester Sánchez Vallina es editora, ilustradora y mediadora cultural asturiana y cofundadora de Pintar-Pintar Editorial, sello creado en 2005 y especializado en literatura infantil y juvenil.
Su trayectoria profesional está especialmente vinculada al álbum ilustrado, la poesía, la alfabetización visual y los proyectos de mediación lectora. Desde Pintar-Pintar ha participado durante más de dos décadas en la edición y desarrollo de libros y proyectos culturales, con especial atención a la creación realizada en Asturias y a la publicación tanto en castellano como en asturiano.
Compagina el trabajo editorial con el diseño, la ilustración y la realización de talleres y actividades de mediación en bibliotecas, centros educativos, museos y ferias del libro.
Como autora ha publicado títulos vinculados especialmente a la divulgación y la mediación cultural, entre ellos ¿Cómo se hacen los libros? y ¿Qué es la agricultura ecológica?.
Pintar-Pintar Editorial ha recibido, entre otros reconocimientos, distintos Premios Nacionales a los Libros Mejor Editados, en 2008, 2012 y 2014.
En El Menú de la Paz firma los textos y asume también la dirección artística y el diseño del libro.
Enzo Platero es ilustrador de 22 años, nacido y criado en La Corredoria, Oviedo. Estudió el Ciclo Superior de Ilustración en la Escuela de Arte de Oviedo y actualmente está en Barcelona realizando un curso especializado en ilustración infantil.
Dibuja desde pequeño, aunque fue durante la adolescencia cuando empezó a interesarse de verdad por la ilustración y a plantearse dedicarse a ello. Le interesa especialmente crear imágenes divertidas, llenas de color, personajes y pequeños detalles. Le gusta observar y dibujar lo cotidiano, las escenas con mucha gente, los pequeños momentos del día a día y la naturaleza.
Aunque también ha trabajado en carteles y otros proyectos de ilustración, su objetivo es orientarse principalmente hacia la ilustración infantil, porque encuentra en ella un espacio con mucha libertad para jugar con la imaginación y contar historias.
Durante estos últimos años ha participado en diferentes concursos y proyectos, y ha recibido, entre otros, el Premio a las Enseñanzas Artísticas Profesionales, además de ganar el concurso de carteles de LibrOviedo y el Cartel de Salud Mental del HUCA. También ha tenido la oportunidad de exponer su trabajo en la Sala Borrón de Oviedo.


Resumen
Cada 19 de octubre, Oviedo se sienta a la mesa para recordar. Garbanzos con bacalao y espinacas, callos y arroz con leche forman un menú que guarda casi dos siglos de historia. Este libro nos invita a descubrir cómo nació El Desarme de Oviedo, cómo fue transformándose con el paso del tiempo y por qué hoy es mucho más que una tradición gastronómica. Una historia de memoria, convivencia y paz que sigue contándose, año tras año, alrededor de una mesa. Proyecto realizado a iniciativa del Ayuntamiento de Oviedo, a través de la Concejalía de Educación, y de la Cofradía del Desarme de Oviedo.

Un álbum ilustrado para…
- Niñas y niños a partir de 6 años, con curiosidad por la historia, las tradiciones y las historias que se esconden tras lo cotidiano.
- Docentes y educadores/as que quieran acercar la historia local desde la memoria, la cultura gastronómica y la educación para la paz, favoreciendo el diálogo y la convivencia.
- Familias lectoras interesadas en descubrir y transmitir el patrimonio asturiano desde una mirada intergeneracional, sensible y cercana.
- Bibliotecas y librerías con secciones de álbum ilustrado, historia y patrimonio de Asturias, tradiciones populares y educación en valores.
Más contenidos:
- Galería de fotos
- Guía de lectura y presentación (PDF)
- Primeras páginas
- Cuaderno creativo para el aula (PDF)
- Itinerario 1 (Memoria, identidad y territorio) con más recursos complementarios
Pintar-Pintar Editorial
Fundada en Asturias en 2005, Pintar-Pintar Editorial es un sello especializado en literatura infantil y juvenil ilustrada, con un catálogo que reúne palabra, imagen, poesía y creación contemporánea. Sus libros nacen de una atención especial al lenguaje, a la ilustración y al cuidado de la edición.
Pintar-Pintar integra edición, mediación lectora y creación de recursos, entendiendo cada libro como un punto de partida para leer, imaginar, conversar y descubrir nuevas conexiones. Su trabajo se desarrolla también a través de talleres, encuentros y proyectos en escuelas, bibliotecas, museos y otros espacios culturales.
Con El Menú de la Paz. El Desarme de Oviedo contado en la escuela, la editorial vuelve a acercarse al patrimonio cultural asturiano desde una mirada contemporánea. Historia, memoria, gastronomía e ilustración se unen para acercar a los lectores más jóvenes una tradición profundamente vinculada a Oviedo y, al mismo tiempo, abrir una reflexión universal sobre la convivencia, el diálogo y la paz.
Pintar-Pintar publica en castellano y asturiano e imprime sus libros en España, mayoritariamente en Asturias, utilizando papel FSC procedente de bosques gestionados de forma responsable.



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