Acabamos de regresar de la Feria del Libro de Jerez y, casi sin transición, hemos pasado del pleno verano andaluz al otoño asturiano.
Volvemos cansados, naturalmente, pero sobre todo agradecidos.
Gracias a la organización de la feria por la atención y el cariño con que nos ha tratado durante estos días; y gracias a todas las personas que se acercaron a nuestro espacio para saludarnos, conversar y conocer nuestras publicaciones: familias, docentes, bibliotecarios, autores, mediadores y lectores de todas las edades.



Se nos había olvidado lo especial que es la gente de Cádiz. Desde el primer momento en que pusimos un pie en Jerez encontramos sonrisas, amabilidad y una manera de recibirnos que hizo que nos sintiéramos muy a gusto. También tuvimos la fortuna de compartir feria con unos vecinos estupendos: librerías y editoriales con catálogos y temáticas muy diferentes a los nuestros, pero con quienes enseguida surgieron conversaciones, complicidades y buenos momentos.






La feria contó, además, con una programación muy cuidada y familiar: presentaciones para públicos diversos, actividades y talleres infantiles y actuaciones musicales cada noche. Los Claustros de Santo Domingo fueron durante estos días un lugar lleno de libros, encuentros y vida.












Nos hace especial ilusión imaginar que muchos niños y niñas de Jerez se acostarán estos días acompañados por un gato gatejo, por historias de suspense e intriga, por brujas, telas disparejas y sombreros capaces de volar… o quizá leyendo un poema antes de apagar la luz.



Regresamos con la alegría de comprobar que nuestros libros despiertan curiosidad y que muchos lectores perciben en ellos algo diferente. Pero, sobre todo, volvemos con el recuerdo de todas las personas que se detuvieron a mirarlos, a hojearlos, a conversar con nosotros y a llevárselos consigo.
Nos quedamos con ganas de más: de pasear con calma por Jerez, de conocer mejor la ciudad y de seguir compartiendo libros y conversaciones.
Volveremos.
Gracias, Jerez.



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