Leer, crear, acompañar: el trabajo invisible en las industrias culturales

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Una lectura desde Pintar-Pintar del informe de UNESCO sobre competencias, empleo y creación cultural

A veces, desde una editorial pequeña, el trabajo cultural parece hecho de gestos dispersos: editar un libro, preparar una guía de lectura, diseñar un cuaderno creativo, acompañar a una autora en una presentación, visitar un colegio, conversar con niñas y niños en una biblioteca, subir recursos a la web, revisar estadísticas de lectura digital, responder a docentes que buscan cómo trabajar un libro en el aula.

Pero, visto con un poco de perspectiva, todo eso forma parte de algo más amplio.

El reciente informe de UNESCO Skills and employment in the culture and creative industries recuerda que las industrias culturales y creativas no son un adorno ni un complemento menor de la economía: son un sector estratégico para el empleo, la innovación, la inclusión social, la sostenibilidad y el desarrollo de competencias. También subraya la importancia de la educación cultural y artística a lo largo de toda la vida, y la necesidad de conectar cultura, educación, formación, trabajo y territorio.

Desde Pintar-Pintar lo leemos con especial interés, porque muchas de las ideas que aparecen en el informe forman parte de nuestra práctica cotidiana desde hace años, aunque a menudo no las nombremos con grandes palabras.

Cuando editamos un álbum ilustrado, una novela juvenil o un libro de poesía para niñas y niños, no pensamos solo en el objeto libro. Pensamos también en lo que puede suceder alrededor de él: una conversación, una actividad plástica, una lectura compartida, una pregunta en voz alta, una emoción reconocida, una imagen que invita a mirar más despacio, una palabra nueva, una lengua que se cuida, una memoria que se transmite.

Por eso, junto a muchos de nuestros libros, desarrollamos guías de lectura, cuadernos creativos y propuestas de mediación. No como materiales accesorios, sino como una forma de acompañar la lectura y de facilitar que docentes, bibliotecas y familias puedan abrir caminos propios a partir de cada obra.

En el informe de UNESCO se insiste en la necesidad de fortalecer las competencias creativas: pensamiento crítico, comunicación, sensibilidad artística, habilidades digitales, capacidad de colaboración, emprendimiento cultural, conciencia medioambiental y conexión con el patrimonio. Para nosotros, todo eso está presente cuando una niña o un niño lee un poema y después crea el suyo; cuando una clase conversa sobre un personaje; cuando una biblioteca convierte un libro en una experiencia compartida; cuando una maestra descarga un recurso para trabajar la lectura desde la imaginación y no solo desde la ficha.

También nos interesa especialmente la defensa de la cultura local, las lenguas, el patrimonio y los saberes vinculados al territorio. Publicar desde Asturias, imprimir en imprentas asturianas, editar también en asturiano, trabajar con la poesía, con la memoria, con el paisaje y con la infancia no es una rareza periférica. Es una manera concreta de contribuir a la diversidad cultural.

Esa misma convicción nos llevó, en noviembre de 2021, a abrir en el centro de Oviedo un pequeño espacio bajo el letrero Pintar-Pintar. Libros, colores y Lletres Asturianes. Allí, además de realizar actividades, ofrecíamos nuestros libros y también obras de otras editoriales asturianas y de escritoras y escritores asturianos. Solo esos libros. El proyecto no llegó a consolidarse, quizá porque, como tantas otras veces nos ha ocurrido, llegó antes de tiempo. Pero formaba parte de la misma idea: crear lugares, físicos o simbólicos, donde la cultura próxima pudiera verse, compartirse y encontrar lectoras y lectores.

Pintar-Pintar. Libros, colores y Lletres Asturianes, el espacio que abrimos en Oviedo en noviembre de 2021 para dar visibilidad al libro asturiano, a la creación local y a la mediación cultural. Libros, talleres, infancia, lengua y territorio compartiendo escaparate. Quizá llegó antes de tiempo, pero formaba parte de la misma intuición que hoy sigue guiando nuestro trabajo: crear lugares donde la cultura próxima pueda verse, compartirse y encontrar lectoras y lectores.

Con el tiempo, esa intuición ha seguido tomando otras formas.

En estos años hemos comprobado que los libros no terminan en la imprenta. Siguen viviendo en las aulas, en las bibliotecas, en los talleres, en las ferias, en las lecturas en voz alta, en los recursos descargados y en las actividades que cada docente adapta a su grupo. También siguen viviendo en entornos digitales como Nubecuentos o en nuestros itinerarios de lectura, que permiten ordenar, ampliar y compartir materiales de forma accesible.

Durante este curso escolar, desde Pintar-Pintar hemos realizado más de 60 talleres de lectura, mediación y creación, vinculados a nuestros libros y dirigidos principalmente a niñas, niños, centros educativos, bibliotecas y espacios culturales. Los itinerarios de lectura, activos desde hace poco más de un trimestre, reúnen ya 19 títulos organizados en tres recorridos y han registrado más de 1.500 visitas en sus páginas.

A estos datos se suma Nubecuentos, nuestra plataforma digital de lectura y recursos, que ha alcanzado 29.000 usuarios en el último año. En paralelo, según las estadísticas de WordPress correspondientes al mismo periodo, los recursos descargables de nuestro blog —cuadernos creativos, guías, dosieres y otros materiales de acompañamiento— suman 9.460 descargas registradas.

No contamos estas cifras como un balance frío, sino como una señal: hay docentes, mediadoras, bibliotecarios, familias, niñas y niños utilizando estos materiales. Hay una comunidad lectora que se mueve, consulta, descarga, prueba, adapta y crea.

UNESCO habla también de la necesidad de medir mejor el impacto de la cultura. Y quizá esa sea una de las tareas pendientes para muchas estructuras pequeñas: aprender a documentar lo que hacemos sin perder la dimensión humana del trabajo. Porque lo cultural no siempre se mide bien, pero sí deja huellas: en las lecturas, en las preguntas, en los dibujos, en los talleres, en las visitas a una página, en un libro que vuelve a abrirse.

Desde esa mirada, editar no es solo producir publicaciones. Es cuidar un ecosistema en el que intervienen autoras, autores, ilustradoras, ilustradores, imprentas, librerías, bibliotecas, escuelas, familias, niñas y niños.

Un ecosistema frágil, sí, pero también profundamente necesario. Porque la lectura, la creación y la educación artística ayudan a construir pensamiento, sensibilidad y comunidad.

Por eso seguimos creyendo en los libros como espacios de encuentro.

Y por eso cada guía, cada cuaderno creativo, cada taller y cada itinerario de lectura son también una forma de decir que la cultura importa. Que la infancia importa. Que crear, leer y mirar el mundo con atención sigue siendo una tarea imprescindible.


Ester Sánchez / Desde la trastienda del libro
Editora, ilustradora y fundadora de Pintar-Pintar Editorial

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