No basta con que a tu hijo le encante: escribir para el público infantil y juvenil exige más

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En el mundo de la literatura infantil —y especialmente en el ámbito del álbum ilustrado— es habitual que, como editores, recibamos correos con propuestas que vienen acompañadas de comentarios como: “A mis hijos les encanta este cuento”, “Lo leí en mi clase a mis alumnos y les encantó”, o “A toda mi familia les encanta y me animan a publicarlo”. Y aunque estas afirmaciones parten de una emoción legítima, también reflejan una idea bastante extendida: que gustar en el entorno cercano o tener una relación cotidiana con niños y niñas es sinónimo de estar preparado para escribir y publicar un buen libro infantil.

Ser madre, padre, docente o cuidadora no convierte automáticamente en autora o autor de literatura infantil y juvenil. Como tampoco lo hace haber contado muchas historias antes de dormir o haber leído mil cuentos. Por supuesto, todo eso suma, forma parte de la experiencia, aporta mirada, sensibilidad. Pero no es lo mismo convivir con niños y niñas que escribir para ellos.

Escribir para niños y niñas es un acto creativo complejo. No basta con tener una buena anécdota ni con repetir fórmulas que funcionan en casa o en el aula. Una cosa es contar un cuento que entretiene, otra es construir un libro que permanezca. Que no subestime, que no infantilice, que no se acomode a clichés ni a lo que creemos que les gusta “porque ríen o se divierten”. La literatura infantil es una de las primeras puertas a la imaginación, a la belleza, al pensamiento crítico. Y eso requiere un compromiso con el lenguaje, con la forma y con el contenido.

Cuando un texto solo ha sido validado por hijos, sobrinos o alumnado, el juicio queda inevitablemente tamizado por el vínculo afectivo. El amor —como es lógico y bonito— genera entusiasmo y empatía, pero también resta mirada crítica. Que un niño o niña disfrute de un cuento por la cercanía que tiene contigo no significa que ese texto esté listo para ser publicado.

Los editores y especialistas en literatura infantil, buscamos obras que dialoguen con la infancia de manera auténtica y universal, no solo con una experiencia personal concreta. Buscamos (al menos desde Pintar-Pintar) voces que respeten la inteligencia de los pequeños lectores, que exploren nuevas formas, que no repitan lo que ya está dicho sin aportar nada más.

Amor no es sinónimo de oficio

Querer a los niños y niñas no es lo mismo que saber escribir o ilustrar para ellos. Como en cualquier otro ámbito creativo, el oficio importa. Importa la relectura, la corrección, el conocimiento de los lenguajes narrativos y visuales, el estudio del género, el aprendizaje constante… Importa la humildad para revisar y la conciencia de que, aunque la experiencia personal es una gran fuente de inspiración, no debe confundirse con una acreditación profesional. Escribir o ilustrar literatura infantil y juvenil requiere respeto, dedicación y tiempo. Requiere estudio.

Con esta reflexión no buscamos desanimar, sino invitar a profundizar. Si has escrito un cuento y te ilusiona compartirlo, adelante: revísalo, trabaja con profesionales, aprende del proceso. La infancia merece que nos acerquemos a ella con humildad, con rigor, con profesionalidad y con mucho amor por la literatura.

Y si alguien desea autopublicar su cuento como un gesto creativo, pensado para su familia, amistades o entorno cercano, ¡adelante! También puede ser una forma hermosa de compartir imaginación y afecto. Pero es importante no confundir ese gesto —válido en su dimensión íntima y emocional— con el proceso riguroso y profesional que supone la edición literaria. Las editoriales que trabajamos desde un enfoque profesional, no publicamos solo lo que “gusta” o “funciona” en un círculo próximo: seleccionamos, revisamos y apostamos por obras que puedan dialogar con lectores desconocidos, en contextos diversos y a lo largo del tiempo.

El trabajo editorial implica asumir una serie de responsabilidades, cuidar cada detalle del proceso —desde la selección de textos hasta el diseño, la ilustración o la corrección— y garantizar que aquello que llega a las manos de los pequeños lectores tenga valor, calidad y sentido.


Ester Sánchez / Desde la trastienda del libro
Editora, ilustradora y fundadora de Pintar-Pintar Editorial

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